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"La alquimia es un arco iris que atraviesa el abismo que existe entre el plano terrestre y el celestial, entre la materia física y la materia espiritual. Al igual que el arco iris, puede parecer que está a nuestro alcance, pero si corremos tras el con el único objetivo de encontrar una montaña de oro, este se alejará”.

La palabra Alquimia proviene del vocablo árabe al-Kimia, "AL" es el artículo definido y la palabra "Kimia" significa arte, por lo tanto se traduce su significado como "El Arte". Para muchos alquimistas significaba "El Gran Arte o Ars Magna"
También significa "la química", haciendo cierto que la química se desarrolló a partir de la “alquimia”, pero a su vez, las dos ciencias no comparten casi nada en común. La razon de esto radica en que la química se ocupa de los fenómenos que pueden ser comprobados científicamente en laboratorios convencionales, de 3ra dimensión, mientras que la alquimia fue considerada siempre una  ciencia misteriosa, cuyos parámetros responden a la ley de evolución, conciencia de una realidad de orden superior, que conforma la esencia que subyace en todas las verdades.



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EL ALQUIMISTA



Lento en el alba un joven que ha gastado

la larga reflexión y las avaras

vigilias, considera ensimismado

los insomnes braseros y alquitaras.

Sabe que el oro, ese Proteo, acecha
bajo cualquier azar, como el destino.

Sabe que está en el polvo del camino,

en el arco, en el brazo y en la flecha.

En su oscura visión de un ser secreto
que se oculta en el astro y en el lodo,

late aquel otro sueño de que todo

es agua, que vio Tales de Mileto.

 Otra visión habrá, la de un eterno
Dios, cuya ubicua faz es cada cosa,

que explicara el geométrico Spinoza

en un libro mas arduo que el averno.

En los vastos confines orientales

del azul palidecen los planetas,

el alquimista piensa en las secretas

leyes que unen planetas y metales.

Y mientras cree tocar enardecido
el oro aquel que matará la muerte.

Dios, que sabe de alquimia, lo convierte

en polvo, en nadie, en nada y en olvido.

                                                                                              Jorge Luis Borges



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